Cosas absurdas que haces y piensas cuando tienes intimidad.

El acto es increíble, todos los que alguna vez lo hemos probado, lo sabemos. Además, de que conlleva a diferentes beneficios para tu cuerpo. Y, estoy muy convencida de que el acto, es una parte primordial a la hora de querer mantener una relación, no solo por la complicidad que se logra con el tiempo, sino también porque si la química no es buena, la relación está destinada a fracasar. Mantener relaciones con tu pareja – o…tú sabes, si eres soltera, con alguna otra persona-, siempre nos hace sentir bien, incluso, muchos siempre alardean de lo constantemente que lo hacen y, otros, se quejan de lo poco que lo practican. O sea, querámoslo o no, es muy importante en nuestras vidas. Pero, hay momentos de los que nadie te cuenta o de los que nadie conversa porque son muy vergonzosos pero, nadie considera de que a todos nos han ocurrido alguna vez. Realmente, algunos momentos pueden ser bastante vergonzosos, hasta extraños, diría yo…ocurren antes, durante y después pero todos decidimos ignorarlos. Pero, honestamente, a quién no le ha pasado que durante la relación, ocurre algo que nos avergüenza. A mí sí. Y lo único que puedo pensar, es…ojalá que no se haya dado cuenta, ojalá que no lo haya notado. Y sí…lo notó. Pero preferimos creer que no. Y seguir en nuestro asunto. Estas son las cosas más comunes que nos pasan a todos: Dormirse El acto es la mejor ‘dormidina’ natural para el cuerpo masculino, y a veces también para el femenino. El eterno debate sobre ello suele avergonzar bastante a los hombres pero no os preocupéis porque la ciencia os avala. No sienta nada bien, pero es que resulta que el cerebro se apaga durante un orgasmo, libera químicos que inducen al sueño y los ojos se cierran por completo. La sensación que sienten es tan relajante que su cuerpo deja de responder. El problema llega cuando la mujer no se queda dormida porque, según la ciencia, sigue activa después del acto y puede que incluso quiera más. Vamos, todo lo contrario al hombre. Ropa interior inapropiada: ¿Quién no ha salido de su casa corriendo porque no llegaba y se ha puesto lo primero que ha pillado? No tendría que ser algo tan malo si no fuera porque has cogido esos calzoncillos rotos desde hace años pero que tú, ni te habías fijado. T ranquilo, te darás cuenta cuando ella vaya a quitártelos de forma sensual y se quede con cara de pasta de boniato. El momento te pondrá colorado pero no de calor por excitación. Las mujeres suelen ser mucho más precavidas y llevan siempre la lencería íntima más bonita del mercado pero que tampoco se descuiden mucho que igual ese día se equivocan de cajón… Por suerte, casi nadie se fija en ese tipo de cosas o, simplemente, lo pasa por alto, están más puestos a otras cosas. Hola, soy tu menstruación: Dicen que ‘para gustos los colores’ y en el caso del acto pasa eso. Hay mujeres y hombres a los que no les importa nada practicar el acto cuando asoma la regla pero no suelen ser la mayoría. Muchas se sienten incómodas por la higiene, les produce dolor o simplemente no les apetece hasta que no se haya ido, y en el caso de ellos pasa lo mismo, que les puede dar un patatús de ver tanta sangre. Aunque sea algo totalmente natural, del ciclo de la vida, hay que admitir que no es agradable su olor, presencia y apariencia. Golpes dolorosos: Los lugares donde se practica el acto no son los más adecuados muchas veces para ello y, claro, pasa lo que pasa. Un coche chiquitito, el cabecero de la cama… La pasión que se desata durante el acto es tal que a veces ni te das cuenta de donde estás, así que el golpe con el cabecero, pared o techo es brutal. Normalmente, si ha sido flojito, continuas, pero si el dolor te deja atontado… Un golpe de estos y el acto queda arruinado por completo. Y encima te quedas con que tu cabeza tiene un chichón más grande que tú. Caerte de la cama: Al igual que te puedes dar un golpe en la cabeza o en cualquier parte del cuerpo, quedando totalmente dolorido y sin poder continuar con el coito, también puedes caerte de la cama si pones excesiva efusividad al asunto y ésta es demasiado pequeña. Corta todo el morbo y probablemente tu cuerpo quede hecho añicos, aunque también puede pasar que os echéis unas risas o, mejor aún, que los dos os caigáis juntos y continuéis la faena en el suelo. Pero bueno, hay que tener más cuidado o, si no, poner una alfombra blandita para amortiguar. Flatulencias inesperadas: En toda pareja hay que pasar el trance de la primera flatulencia juntos pero el problema viene cuando suceden durante los primeros encuentros. Todos somos humanos y el cuerpo produce este tipo de movimientos que mejor fuera que dentro, así que no tiene ningún sentido que te moleste si pasa cuando estáis teniendo el acto. Vale, no es agradable, pero tampoco ha sido aposta. Tampoco hay por qué avergonzarse cuando a la mujer le salen ruidos vaginales. No son pedos como tal, sino el aire que entra, se queda atrapado y sale durante los movimientos del coito. Arcadas y ganas de vomitar: No todo puede ser bonito y maravilloso durante el acto, también hay una parte un poco asquerosa. Aunque los olores que desprende nuestro cuerpo sean naturales, lo cierto es que hay que mantener un mínimo de higiene, sobre todo en los meses en los que más se suda. Porque sí, también las partes íntimas pueden transpirar y es lo más desagradable del mundo. El problema llega cuando la otra persona no se ha lavado y el olor o sabor que desprende es completamente asqueroso. Si encima eres una persona sensible a eso, puede que las arcadas te salgan involuntariamente o, lo que es peor, que vomites. Apuntar mal: En las relaciones no es todo coito, también se hacen otras cosas. Preliminares, oral… Cualquier cosa puede acabar mal si no se apunta donde es debido. La ropa o el pelo pueden quedar con manchas blancas y gelatinosas, sospechosas, difíciles de quitar y muy visibles al ojo humano, que siempre es muy mal pensado. A ver cómo lo explicas. Pero lo peor que te puede pasar es que el fluido masculino o femenino se dispare hacia donde no debe, es decir, para partes sensibles de la cara como los ojos, dejándoles irritados y con mucho dolor, o la boca, con arcadas y vómitos. 1. “¿Me va a doler?” 2. “¿Estaré limpia?” 3. “Cómo me veo en esta posición? mmm, quizá si levanto un poco quizás me vea mejor” 4. “¡Apura, no tengo todo el día!” 5. “Definitivamente nunca más” Estas son las cosas por las cuales debes hacer el amor: No a todos les gusta. Es decisión tuya si aceptas o no, pero en caso de que aceptes probablemente será inevitable que pienses estas cosas. Una de las pasiones más intensas que tienen los seres humanos es el amor. Cuando se quiere a una persona y se está enamorado de ella, el deseo te lleva a la necesidad de hacer el amor. En nuestro blog de salud sabemos lo importante que es tener relaciones para la salud, por ello, hemos hecho un top 10 razones para hacer el amor. Cuando vamos abandonando la adolescencia se va despertando una sensación dentro de nuestro organismo que no sabemos explicar. El deseo por satisfaccer esa sensación se va tornando en una necesidad, y surgen las ganas de hacer el amor. Hay muchas razones para hacer el amor, entre las que se encuentra el top 10 siguiente: – Antiestresante. El acto es una opción muy recomendable para eliminar el estrés. – Analgésico. Con el acto se pueden reducir y calmar algunos dolores que nos machacan, gracias al aumento de una sustancia llamada endorfina. – Quemador de calorías. Al hacer el amor se hace ejercicio, y por tanto, es un excelente quemador de calorías. Con el acto se fortalecen los músculos y se fomenta la condición física: es como ir al gimnasio. – Inmonológico. Con las relaciones se forma un anticuerpo llamado inmunoglobina A. – Bueno para el corazón. Este organo se verá fortalecido haciendo el amor. – Mejora la autoestima. Te sientes con más confianza y más segur@, te hace sentir bien contigo mism@. – Para la menopausia. Ayuda a las mujeres menopaúsicas a paliar sus consecuencias. – Bueno para la próstata. La actividad fortalece la próstata y reduce la posibilidad de sufrir un cáncer de próstata. – Somnífero. Hacer el amor provoca una agradable sensación de placer que favorece el descanso: es bueno para dormir bien. – Por que sí. Disfrutar haciendo el amor y haciendo una cosa que te gusta es bueno porque sí. Es decir, por placer y porque si te lo sabes montar es divertido: hay que potenciar el deseo.

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